domingo, 15 de junio de 2014

Séptima Reunión SVA Argentina - Recreación Cena Eduardiana

No sé si recordar ese fin de semana como un viaje o una excursión al Buenos Aires del Siglo XIX, pues en solo un fin de semana realizamos una peregrinación por el principio y el fin del período que recreamos. Esto viene a cuento que el día sábado 10 de Noviembre de 2012 realizamos un evento Eduardiano, y al día siguiente volvimos a reunirnos, esta vez con nuestras prendas Regencia, y con motivo de participar de la recreación de la fiesta del Patrono de la Ciudad: San Martín de Tours.
Si a ello sumo que visité otras estaciones como el Jardín Botánico diseñado por Charles Thais, El Museo de Arte Español Enrique Larreta, El Museo Sarmiento, El Museo del Traje- donde , aunque me hubiera gustado ver más, hay una sala dedicada al siglo XIX- y el Museo Nacional de Historia, por momentos dudé en que siglo estaba.


Si bien donde se mire hay cosas que nos recuerdan que estamos en el siglo XXI, aún quedan rincones donde refugiar nuestras ilusiones. El Club Español, donde se desarrolló la Recreación de la Cena de Gala Eduardiana, es uno de esos lugares.
Llegué a la hora señalada. Detrás del portón dorado del ingreso quedaban los ruidos de este tiempo, y entre la penumbra del hall aparecía, imponente, la escalera de mármol. Las tallas fitomórficas que se enlazaban a rostros femeninos con miradas dulces, de estilo Art Nouveau y con tanta semejanza a las ilustraciones de Alphonse Mucha, me guiaban y capturaban mi imaginación, apareciendo aquí y allá. Arriba se escuchaban las voces conocidas de los amigos y siguiéndolas continué subiendo, fiel al estilo ecléctico del edificio, pasaba por tramos de mármol y hierro forjado y luego madera y mayólica.



Me encontré con los caballeros Lord James y Sir Patrick, luego se nos unirían el Sr. Milinik y Sebastian (Lord Byron en otros tiempos) y Mr. Magnus Vìsa Edvardsson. Hasta el momento las siluetas lucían el blanco y negro de los fracs, jackets, guantes, galeras, los altos cuellos almidonados engalanados con moños. Optamos por la charla y recorrer el salón, contemplar las obras de arte que engalanaban las paredes, las vidrieras de colores, la boiserie. 

Al terminar su arreglo personal ingresaron las damas al salón luciendo sus galas y cabellos recogidos: Doña Mariana en blanco y encaje negro, Miss Josephine en azul y negro, la señorita Portoman en verde, Miss Georgiana en Rosado, y Lady Evangeline en blanco y lila. 

Se ultimaron detalles en medio de la conversación. Se nos llamó a la mesa para compartir el plato de entrada: una variedad de canapés y bocaditos, quesos y fiambres deliciosos. El primer brindis y luego el plato principal que consistió en pollo deshuesado, relleno con mostaza Dijon al horno, dorado con limón acompañado de papas noisette y rúcula.
Foto Alexandra Galeano Caycedo

Fuimos abandonando la mesa. Y nos reunimos para conversar, fumar y luego bailar. Luego de ensayar una gavota (necesaria para el evento que se produciría al día siguiente, aunque ni con ensayo logré seguir el compas), llegó el momento del vals de la mano de Tchaikovski y su “vals de las flores “del Cascanueces. En lo personal, y si bien lo he bailado en casamientos y cumpleaños dicha danza, nunca lo había disfrutado tanto. Ver a las parejas girar, escuchar el roce de los vestidos entre sí, los taconeos en el piso de madera del salón, y el halo colorido que producíamos al movernos y bailar. Un momento de ensueño.
Llegando a la medianoche, llegó el momento del pastel, coincidentemente con el evento Miss Georgiana cumplía años, y aprovechamos la ocasión para brindar en su honor. Luego de la ceremonia de las velas y los deseos nos fuimos distendiendo, entre la grata conversación, los brindis. Los caballero aprovechamos para quitarnos las chaquetas, el calor era insoportable: como les digo, fue un momento de relax fuera de protocolo.
Luego nos arreglamos y comenzamos a recorrer los distintos ámbitos del edificio para tomarnos retratos grupales que nos ayudarían a recordar con más detalle el evento.

Regresamos al salón con la nostalgia de saber que en instantes abandonaríamos el Buenos Aires Eduardiano. El hotel donde me hospede en mi estancia en Buenos Aires estaba muy próximo al Club, asique aproveche para recorrer esos pocos metros con mi atuendo eduardiano, un poco negándome a aceptar que junto con los corsés y los sombreros de copa, se quedaba en el recuerdo lo que habíamos vivido.

Podrán ver mas crónicas de este evento en:
http://www.sociedadaugusta.com/AUGUSTA/viewtopic.php?f=16&t=3912