sábado, 21 de junio de 2014

Época Victoriana y la moda masculina (de 1860 a 1900)

La época victoriana de la historia del Reino Unido marcó la cúspide de su revolución industrial y del imperio británico. Aunque esta expresión se usa comúnmente para referirse al extenso reinado de Victoria I (20 de junio de 1837 — 22 de enero de 1901), algunos académicos anticipan el comienzo del período, caracterizado por los profundos cambios habidos en las sensibilidades culturales y en las preocupaciones políticas, a la promulgación del Acta de Reforma de 1832. Históricamente, esta etapa fue precedida por la Regencia y continuada por el período eduardiano. 
La reina Victoria, con 64 años en el trono, tuvo el reinado más largo en la historia de los monarcas británicos, y los cambios culturales, políticos, económicos, industriales y científicos que tuvieron lugar durante su reinado fueron extraordinarios. Cuando Victoria ascendió al trono, Inglaterra era esencialmente agraria y rural; a su muerte, el país se encontraba altamente industrializado y la mayoría de su territorio ya estaba conectado por una red ferroviaria que seguía expandiéndose.
La sociedad en la época victoriana estaba exacerbada de moralismos y disciplina, con rígidos prejuicios y severas interdicciones. Los valores victorianos se podrían clasificar como "puritanos" destacando en la época los valores del ahorro, el afán de trabajo, la extrema importancia de la moral, los deberes de la fe y el descanso dominical como valores de gran importancia.

Los varones dominaban la escena tanto en los espacios públicos como en la privacidad, las mujeres se debían a los lugares privados, con un estatus de sometimiento y del cuidado de sus hijos y del hogar, y con el paso del tiempo luchará por un espacio en la vida socio-política.
Dos postales de Degas que ilustran la vida cotidiana

La imagen cotidiana de la época victoriana es la de una sociedad burguesa y proletaria. La burguesía inglesa se llamaba a sí misma "middle class" limitando con la "upper class", que era la nobleza y los grandes aristócratas con renombradas familias. La alta burguesía estaba compuesta por banqueros, hombres de negocios y financieros, herederos de quienes habían arriesgado su capital en pos de la nueva forma que tomaba la economía. En cuanto a la clase media común y la clase media baja, intentaban emular a la clase alta siendo pequeños tenderos y empresarios, médicos, abogados, comerciantes, existiendo una enorme diferencia entre la clase media y las clases inferiores.
La mitad del siglo vio la Gran Exposición de 1851, la primera Feria Mundial, la cual mostró las mejores innovaciones del siglo. En su centro estaba el Palacio de Cristal, un enorme y modular edificio de estructura de cristal y acero, el primero de su tipo. 
Crystal Palace de Sir Joseph Paxton
Great Exhibition of 1851
Durante la época victoriana, la ciencia creció hacia la disciplina que es hoy en día. Además del incremento del profesionalismo de la ciencia universitaria, muchos caballeros victorianos dedicaban su tiempo al estudio de la historia natural. 
Quizás la característica esencial de la era victoriana sea su sentido práctico —utilitarismo; en cierto modo el capitalismo actual es una vertiente de entonces—, su búsqueda de la realización personal y colectiva, su sentido de lo que los ingleses llaman el fulfilment o el accomplishment.
Esta nueva sociedad inglesa tan aparentemente abocada al trabajo, a la moral y a las buenas costumbres, inventa el juego, en todos los sentidos que este término abarca. Desde el backgammon y los juegos de casino, las charadas y juegos de salón, hasta los deportes como el croquet o los de campo, como el rugby, el tenis, el cricket y el fútbol. Naturalmente, algunos de estos juegos eran ya conocidos antes de la era victoriana, pero es sin duda esta sociedad la que los practica y pone de moda.
Se divide la época victoriana en tres etapas:
· Victorianismo temprano (1837-1851). El ascenso al trono de la reina Victoria contempla la fase de asentamiento de la sociedad nacida tras la revolución industrial.
· Victorianismo medio (1851-1873). La Gran Exposición celebrada en el Crystal Palace de Londres se considera el inicio de un largo periodo de estabilidad interna propiciado por la hegemonía que obtuvo el Reino Unido al ser el primer estado que culminó con éxito el proceso industrializador característico de este siglo en Occidente.
· Victorianismo tardío (1873-1901). Se agudizan los problemas con Irlanda y las colonias al mismo tiempo que se radicaliza el movimiento obrero y sindical.
Naturalmente tratándose de un período tan extenso y sometido a tantas transformaciones, la moda fue cambiando de acuerdo los gustos de la sociedad y las innovaciones tecnológicas.
En este post desarrollaré la moda masculina del período medio y tradío que abarcan casi toda la segunda mitad del siglo XIX, en la que la ropa masculina comienza a simplificarse en cuanto a corte y detalles, generando un atuendo masculino cada vez mas sobrio y uniforme, a comparación del estilo predecesor dominado por el ”romanticismo” del primer estilo victoriano, a la vez que expresa las aspiraciones sociales de los individuos.
La máquina de coser tenía más de diez años para 1860 y su tecnología revolucionó la forma de vestir de los hombres, ya que les permite comprar productos más baratos que en épocas anteriores. La ropa podía ser comprada en una mayor variedad y aún demostraba el buen gusto. Los colores de la ropa fueron hechos de tintes de anilina creados por el alquitrán de hulla, que produjeron colores más brillantes que los tintes a base de plantas. Los tintes de anilina se desvanecían más lento que los tintes vegetales y la ropa de colores brillantes pronto despegó en popularidad. Los fabricantes de ropa también produjeron ropa de color negro, blanco y marrón tradicional, pero añadieron variedad al tejer con rayas de diferentes colores.
1862. Escena de "Gangs of New York" 
Los hombres debían poseer al menos cuatro capas básicas: un abrigo, un levita, una capa de negocios y un abrigo vestido formal. Los abrigos variaban en longitud, tela y coste, y el uso de estas capas variaron según la temporada.
1877. Moda Primavera 
En los meses más fríos de 1860, el hombre promedio llevaba largos abrigos negros adornados con un cuello de piel. Debajo de este llevaban varias capas de ropa. Usaban bombachos de varios colores como el lavanda, marrón, negro y marrón oscuro sobre la ropa interior blanca corta o larga. Las camisas blancas y chalecos completaban el conjunto. 
En cuanto a los atuendos para "Medio vestir" o "ropa informal", se crean muchas opciones. Puesto que la clase que requiere nuevas prendas tiene múltiples actividades se crean alternativas que sirvan para reuniones sociales, empresariales o recreativas.

El Chaqué para actividades sociales diurnas o nocturnas de aire familiar (bodas, bautizos, funerales).
1872.Chaqué

La Americana, que hacia fines de siglo es cada vez más utilizada y se diversifica su diseño: cierre sencillo, cierre cruzado, corte recto al frente o curvo con bolsillos, entre otros. Se permite su uso para paseos y en 1860 comienza a aceptarse su uso para salidas de mañana en la ciudad. El sombrero para acompañar la americana difiere según la ocasión y la época. En invierno: bombín o fieltro, en verano pajilla o la gorra podía ser el tocando utilizado para realizar actividades deportivas.
1867. Americana
El Terno es un conjunto resultante de utilizar: pantalón, chaleco y chaqueta o americana del mismo género y color. Con ello, se brindaba un poco más de ‘formalidad’ a la prenda que, de no estar combinada de esta forma, resultaría totalmente informal.
1872. Terno
Para la camisa se abandona el uso de volantes en la pechera común y las normas exigían que fuera lisa, y podía adornarse solamente por finos pliegues planchados y perfectamente estirados. Para lograr la máxima rigidez del pecho de la camisa, algunos utilizaron un sistema que permitía a la prenda ser ajustada por medio de un botón, a la cintura del pantalón.
1869. Camisa con ojal para su sujeción al pantalón

En estos años aparecen también los puños ‘a la vista’ por las mangas del frac, algo que deriva que éstos estén perfectamente limpios y planchados. Con la aparición de los puños a vista y la necesidad de mantenerlos planchados, surge el uso de los gemelos. Se recomienda que estos sean pequeños y sencillos, generalmente elaborados en oro y adornados con diamantes, perlas negras u otras piedra preciosas. Los cuellos desmontables, continuarán siendo altos, pero ya sin la longitud que tenían en los años precedentes, con similares características que los puños en cuanto a pulcritud.
Los hombres de estilo victoriano en la década de 1860 utilizaban accesorios para demostrar tanto su gusto en moda como su riqueza, al igual que las mujeres victorianas.
El accesorio obligado para un atuendo de gala será, la corbata blanca. Al bajar el alto de los cuellos, la corbata –a la manera heredada de ‘los increíbles’, ancha y con varias vueltas alrededor del cuello-, pierde protagonismo. En busca de una solución más práctica para su colocación, comienzan a ser formadas por una tira ancha que se anuda atrás a la cual se le agrega el lazo ya hecho al frente con una tira más fina, algo que dará paso, años después, a las corbatas ‘hechas’.
Con la reducción de las dimensiones del cuello de la camisa, para anudar la corbata, se hacía un sólo giro alrededor del mismo. Fueron aquéllos los años en los cuales la corbata se difundió en todo el mundo. Las más típicas eran el nudo (o corbata larga), la galla (o papillón) y el plastron (ascot, o bufanda a la inglesa).
Nudo Ascot
En los últimos años del siglo XIX el sombrero de copa o chistera, de seda negro o piel de castor, denominado como “chapeau claque” o “gibus hat”, tenía la copa muy alta y de forma más recta que la de los sombreros de mediados del siglo. Muchos hombres reclamaban que se suavizara la rigidez de esta norma ya que el sombrero de copa incómodo de llevar, tanto sobre las cabezas como en la mano. Este comentario en la revista de etiqueta de la época (“Modern Etiquette in Public and Private”), revela el reclamo de un cambio:
“En la ciudad se debe llevar siempre un sombrero de copa. Cualquier intento de ridiculizarlo ha sido en vano. Es costoso, es pesado, es poco vistoso, pero sin embargo tiene este mérito a su favor: hacer que un hombre parezca un caballero”. 
Chisteras de finales del siglo XIX
La versión plegable será una opción muy utilizada en las actividades de noche, ya que facilitaba su manipulación, al poder llevarlo bajo el brazo en un baile o en el asiento en la ópera. De acuerdo con el Manual de la Moda Masculina de 1839, “En un baile o una fiesta la noche, el sombrero de copa plegado es lo apropiado y elegante, llevar un sombrero común en tales ocasiones, como lo hacen algunos falsos seguidores de la moda, es torpe y absurdo”. El sombrero común a que se refiere el manual, es la chistera con copa alta, convertida desde 1940’s en casi un símbolo de estatus para el hombre burgués. La chistera expresaba respetabilidad, opulencia, dignidad y posición social. Se pensaba que, con su alta copa brindaba al hombre más estatura social y económica. 
Chistera plegable de seda
El uso de guantes en las actividades nocturnas pasó de ser algo obligatorio, a ‘recomendable’. Se insistía que un hombre elegante y ‘decente’ no podía prescindir de los guantes para acudir a un baile, pues era impensable “tocar el guante puro de una mujer con los dedos descubiertos”.
Los colores de los guantes para ocasiones formales debían ser de color blanco o amarillo pálido, generalmente en piel de ante. 
Con la aparición de los bolsillos en los chalecos, se aceptaba que los relojes fueran colocados en ellos.
El dije se convierte en cadena más larga que permita prenderla a uno de los botones del chaleco, con el fin de que lo se cayera el reloj al ser manipulado. Esta cadena, como los anteriores dijes, eran elaboradas de oro o plata y decorada con joyas, aunque la recomendación recordaba que “el control de la decoración y el adorno es mucho más varonil y elegante”. 
El uso de joyas debía ser muy escaso en un hombre vestido correctamente para actividades de etiqueta. Éstas se limitaban a: los gemelos para el cierre de los puños de la camisa y los botones del chaleco. Los materiales para ambos debían ser poco llamativos: se elaboraban en nácar o con una fina capa de oro u otro material ‘rico’ que no se destacara demasiado.
Una novedad en el conjunto de noche del final de la era victoriana fue la incorporación de una flor en el ojal del frac, “uno de los pocos dispositivos permitidos” para alegrar atuendo de un hombre la noche. 
1885. Hombre en ‘completo vestir’ con flor en ojal del frac y escena de "The age of Innocence"(1870)
Los zapatos fueron elegidos sobre las botas para uso común. Estos zapatos se ataban con cordones o botones y tenían tacones bajos. El calzado adecuado para la noche debían ser los escarpines, realizados en piel de becerro, acompañados por medias negras de seda. Posteriormente se aceptó el uso de botines negros, siempre especificando que debían ser de charol y, lógicamente, cubiertos por el largo pantalón.

1895. Botines de charol, aceptados para los conjuntos de noches
Fuentes:
http://www.blacktieguide.com
http://vestuarioescenico.wordpress.com

jueves, 19 de junio de 2014

Sexta Reunión SVA Argentina - Recreación Picnic Eduardiano

Recuerdo esta recreación con gran cariño, pues fue el primer evento de día al que asistí, y la primera vez que anduve por las calles con atuendos del siglo XIX.
En esta oportunidad recreamos la moda diurna eduardiana de alrededor de 1905, y para ello organizamos un picnic en Puerto Madero, en la ciudad de Buenos Aires.
Ya me he referido a mi atuendo, tanto en lo que corresponde a confección como los usos que se le daban, sobre todo a la prenda que lo completa que es la Norfolk Jacket.

Arribé a Buenos Aires un día antes del evento para poder visitar otros sitios de interés. Comento esto porque fué en ese día que tuve la oportunidad de realizar una visita guiada por primera vez al Teatro Colón, el gran teatro lírico de la República Argentina, con tal suerte que al finalizar el recorrido me obsequiaron entradas para concurrir a un concierto de la Camerata Bariloche el día domingo con ubicaciones en tertulia. Imaginen mi alegría. El domingo aproveché el tiempo de espera para que comenzara la función para bocetar el Teatro desde mi ubicación en tertulia.

Luego-off-topic- me pasé el día de un lado a otro para concurrir a distintas actividades del BAFICI (Festival de Cine Independiente de Buenos Aires): una experiencia que hacía mucho quería tener.
Desde ya me disculpo por lo heterogeneo del registro fotográfico que compartiré, pero reúne fotografías de distintos participantes y fotográfos profesionales que nos acompañaron, y resumen lo mas significativo y pintoresco del evento.
Pero vayamos a las actividades del día Sábado que son las que atañen a la recreación propiamente dicha. Cerca del mediodía, por las puertas del Hotel Castelar en Avenida de Mayo, pasaron a buscarme Lady Evangeline y su marido Lord Jaimes (a quien le presté uno de mis sombreros: ¡AMO LOS SOMBREROS!), junto con Miss Dashwood y Sir Patrick, y de allí partimos cargados de cestas con todo lo necesario para realizar el picnic. Mi cesta viajaba desde Córdoba, llena de sabores locales para agasajar a los amigos porteños.
Por las calles recibimos desde miradas de desconcierto hasta comentarios de admiración, pasando por gente que nos pedía permiso para tomarnos fotografías. Pero si algo es seguro: no pasamos desapercibidos.
Otro tanto de eso hubo en el Subte (Metro) hasta llegar a inmediaciones de Puerto Madero. El sol ya estaba en el cénit, lo que me hizo feliz porque no se podía pedir mejor clima para realizar un picnic, pero me incomodaba a la vez, puesto que mi chaqueta estaba realizada en lana, y el calor se hacía sentir. Así es que el trayecto hasta llegar al punto de reunión fue una mezcla de alegría y expectativa con un calvario.
Ya en uno de los parques de Puerto Madero nos esperaban Mr. Sebastian Michaelis (a.K.a. Lord Byron) y Miss Sybil. Sebastian, en su rol de Mayordomo, nos esperaba con té y budín para amenizar la llegada. 
Sebastian Micaelis

Dispusimos los manteles y acomodamos las cosas bajo la sombra del árbol. Allí se nos unieron Mme. De La Valliére y Miss Georgiana: puro encanto con sus sombreros!
Miss Georgina y Mme. de la Vallière

Nos convidamos tartas de verdura, pan de campo casero, encurtidos de verduras y pepinillos en vinagre, queso pepato y salame de Colonia Caroya, quesos blandos para untar, hojas de albahaca, uvas y bizcochos, jugos frutales y vino tinto. 

Miss Dashwood y Lady Evangeline

En eso se fue el tiempo, entre charlas y fotografías, que ni tuvimos tiempo para releer algunos pasajes de “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust, ejemplar que había llevado Miss Dashwood. 
Además de vivir algo así como en un sueño durante estos eventos, por la distancia que cobra la experiencia con la realidad, siempre son disparadores de fantasías. Y algo de eso hubo: el mítico Señor Tang, próspero agricultor, dueño de campos de frutales de donde extrae los jugos que bebimos durante el evento, y por supuesto toda su excéntrica corte, así como las posibles aventuras que nos reunirían a Sebastian y a Sir Marmaduke en tiempos victorianos. Pura decadencia.

También tendría la suerte de posar junto a un perro que estaban paseando y amablemente permitieron que fuera fotografiado junto a mí, para una postal que estimo por sobre todas.
Sir Marmaduke por Julio César Sousa

Ya de visita en la Fragata Sarmiento, anclada a unos metros de donde estábamos, nos disponíamos para realizar el registro fotográfico de grupo, además de visitar el museo que alberga. 
Miss Dashwood, Sir Marmaduke, Lady Evangeline, Lord Jaimes, Sir Patrick, 
Mme. de la Valière, Miss Georgiana y Mr. Micaelis por Jason Kung

Luego, en tierra firme, merendamos en un parque nuevamente. Un poco mas de charla y diversión, entre Té y confituras. 
Ya comenzaba a caer la tarde, y con los últimos rayos del día despedíamos los planes de Visitar la Corbeta Uruguay, anclada a unos metros, y la mítica Cervecería Munich, un ícono de la Belle Epoque porteña, que se encuentra cerca. Algo agotados por las actividades, pero felices por la experiencia, nos despedimos y partimos cada uno por su lado, abandonando tristemente el Siglo XIX hasta otra oportunidad.

martes, 17 de junio de 2014

Moda Eduardiana: Ropa deportiva- Norfolk Jacket

Continuando con la moda masculina del período Eduardiano, y sin Brummell como modelo, pero intentando mantenerlo como inspiración presentaré el segundo atuendo recracionista que confeccioné.
Con motivo de asistir a la recreación de un Picnic Eduardiano, decidí realizar un atuendo clásico, deportivo y cómodo, apto para uso al aire libre. Opté por realizar una chaqueta Norfolk.

 
Norfolk jacket

Se trata de una chaqueta suelta generalmente realizada en telas de punto tipo Tweed, con una hilera de botones, con pliegues en forma de caja en la parte delantera y en la espalda (que dan más libertad de movimiento) y con un cinturón o medio cinturón de la misma tela. El estilo fue muy popular para chaquetas y trajes de niños, para practicar deportes o ir de cacería y su uso ha perdurado como ropa de campo y en algunos uniformes (principalmente militares y de policía).
Originalmente fue diseñada como chaqueta de cacería porque su estilo evitaba que se sintiera ajustada cuando se elevaba el codo para tirar. Se supone que debe su nombre al duque de Norfolk o al condado de Norfolk, y se puso de moda en la década de 1860 en el círculo deportivo del príncipe de Gales, más tarde Eduardo VII del Reino Unido, cuya residencia estaba en Sandringham House en Norfolk.
Comencé con la confección de mis prendas en pleno verano, y como la elección eran tweeds o sargas, se me complicó bastante encontrar telas de ese tipo. Finalmente di con un tejido similar al tweed que consideré ideal para esta prenda, sobre todo por los colores marrones y los detalles en celeste y naranja.
Realicé todos los patrones a partir de imágenes que fui descargando de la web. Para la chaqueta y el chaleco utilicé patrones en formato jpg, imágenes pertenecientes a “The Cutter's Practical Guide”, las que escalé mediante programas de diseño.

Una forma simple de utilizar estos patrones es pegando la imagen en un programa de diseño como Autocad o Corel, y escalarlo de acuerdo a las medidas de cada uno, luego trazar por encima de la imagen y voilá!: podemos modificarlo como querramos, colocar todas las medidas que necesitemos e imprimirlo o copiarlo sobre papel de moldería .

Para la camisa y el pantalón consulté fotografías y cuando miraba películas congelaba escenas para ver detalles de confección.
La camisa, realizada en batista blanca, es amplia de corte recto, con pechera doble, que luego almidoné y cuello desmontable. La camisa originalmente usada para este atuendo luego la modifique para usarla para el frac, ampliando el pecho almidonado, cambiando botones comunes por perlas, y quitando los de los puños y adaptándolos para el uso de gemelos , y cambiando el cuello desmontable de puntas curvas por uno de picos hacia arriba. Lamentablemente no tengo fotos del primer modelo.
Para la realización de los knickerbockers or knickers opté por tela asargada marrón, y modifiqué un patrón de pantalón de vestir clásico, agregando mas pinzas en la cintura y prendeduras debajo de las rodillas para dar volumen. Las prendeduras luego las cubriría con spats beige.
El chaleco lo realicé en tweed, con bolsillos sastre para poder usar mi reloj de bolsillo con cadena a la manera "Double Albert". La espalda y forro en raso.


La Norfolk jacket es una de mis prendas favoritas, y el picnic era la oportunidad perfecta para usarla. Desde fines del siglo XIX hasta ahora casi no ha sufrido modificaciones en su confección y es un clásico del vestuario masculino, asi es que durante el invierno la he usado para días de campo regulares con un jean y zapatillas.
Al usar un género con un motivo tan geométrico me resultó bastante difícil de confeccionar para que no quedaran discontinuas las líneas.
 




Con un poco de tela que me sobró decidí hacer una gorra para completar el atuendo. 


Para suavizar un poco el estilo usé un moño corbata de seda estampada con pequeños motivos florales. El calzado zapatos marrones con spats altos de gabardina beige con botones forrados con la misma tela, se consiguen excelentes instructivos en línea para confeccionarlos, sobre todo entre las comunidades steampunk, solo es cuestión de ajustarlos a la pierna de uno. 

Fotos Julio César Sousa
Y para completar la recreación el mismo día del Picnic recorte mi barba a la Souvarov. 
Foto Jason Kung

El día del evento hubo un problema: hizo calor y mucha humedad. Pero eso no fue problema para poder desarrollar todas las actividades programadas durante ese día. Como dicta la etiqueta para un caballero, soporté la chaqueta… hasta la merienda… jeje.

domingo, 15 de junio de 2014

Séptima Reunión SVA Argentina - Recreación Cena Eduardiana

No sé si recordar ese fin de semana como un viaje o una excursión al Buenos Aires del Siglo XIX, pues en solo un fin de semana realizamos una peregrinación por el principio y el fin del período que recreamos. Esto viene a cuento que el día sábado 10 de Noviembre de 2012 realizamos un evento Eduardiano, y al día siguiente volvimos a reunirnos, esta vez con nuestras prendas Regencia, y con motivo de participar de la recreación de la fiesta del Patrono de la Ciudad: San Martín de Tours.
Si a ello sumo que visité otras estaciones como el Jardín Botánico diseñado por Charles Thais, El Museo de Arte Español Enrique Larreta, El Museo Sarmiento, El Museo del Traje- donde , aunque me hubiera gustado ver más, hay una sala dedicada al siglo XIX- y el Museo Nacional de Historia, por momentos dudé en que siglo estaba.


Si bien donde se mire hay cosas que nos recuerdan que estamos en el siglo XXI, aún quedan rincones donde refugiar nuestras ilusiones. El Club Español, donde se desarrolló la Recreación de la Cena de Gala Eduardiana, es uno de esos lugares.
Llegué a la hora señalada. Detrás del portón dorado del ingreso quedaban los ruidos de este tiempo, y entre la penumbra del hall aparecía, imponente, la escalera de mármol. Las tallas fitomórficas que se enlazaban a rostros femeninos con miradas dulces, de estilo Art Nouveau y con tanta semejanza a las ilustraciones de Alphonse Mucha, me guiaban y capturaban mi imaginación, apareciendo aquí y allá. Arriba se escuchaban las voces conocidas de los amigos y siguiéndolas continué subiendo, fiel al estilo ecléctico del edificio, pasaba por tramos de mármol y hierro forjado y luego madera y mayólica.



Me encontré con los caballeros Lord James y Sir Patrick, luego se nos unirían el Sr. Milinik y Sebastian (Lord Byron en otros tiempos) y Mr. Magnus Vìsa Edvardsson. Hasta el momento las siluetas lucían el blanco y negro de los fracs, jackets, guantes, galeras, los altos cuellos almidonados engalanados con moños. Optamos por la charla y recorrer el salón, contemplar las obras de arte que engalanaban las paredes, las vidrieras de colores, la boiserie. 

Al terminar su arreglo personal ingresaron las damas al salón luciendo sus galas y cabellos recogidos: Doña Mariana en blanco y encaje negro, Miss Josephine en azul y negro, la señorita Portoman en verde, Miss Georgiana en Rosado, y Lady Evangeline en blanco y lila. 

Se ultimaron detalles en medio de la conversación. Se nos llamó a la mesa para compartir el plato de entrada: una variedad de canapés y bocaditos, quesos y fiambres deliciosos. El primer brindis y luego el plato principal que consistió en pollo deshuesado, relleno con mostaza Dijon al horno, dorado con limón acompañado de papas noisette y rúcula.
Foto Alexandra Galeano Caycedo

Fuimos abandonando la mesa. Y nos reunimos para conversar, fumar y luego bailar. Luego de ensayar una gavota (necesaria para el evento que se produciría al día siguiente, aunque ni con ensayo logré seguir el compas), llegó el momento del vals de la mano de Tchaikovski y su “vals de las flores “del Cascanueces. En lo personal, y si bien lo he bailado en casamientos y cumpleaños dicha danza, nunca lo había disfrutado tanto. Ver a las parejas girar, escuchar el roce de los vestidos entre sí, los taconeos en el piso de madera del salón, y el halo colorido que producíamos al movernos y bailar. Un momento de ensueño.
Llegando a la medianoche, llegó el momento del pastel, coincidentemente con el evento Miss Georgiana cumplía años, y aprovechamos la ocasión para brindar en su honor. Luego de la ceremonia de las velas y los deseos nos fuimos distendiendo, entre la grata conversación, los brindis. Los caballero aprovechamos para quitarnos las chaquetas, el calor era insoportable: como les digo, fue un momento de relax fuera de protocolo.
Luego nos arreglamos y comenzamos a recorrer los distintos ámbitos del edificio para tomarnos retratos grupales que nos ayudarían a recordar con más detalle el evento.

Regresamos al salón con la nostalgia de saber que en instantes abandonaríamos el Buenos Aires Eduardiano. El hotel donde me hospede en mi estancia en Buenos Aires estaba muy próximo al Club, asique aproveche para recorrer esos pocos metros con mi atuendo eduardiano, un poco negándome a aceptar que junto con los corsés y los sombreros de copa, se quedaba en el recuerdo lo que habíamos vivido.

Podrán ver mas crónicas de este evento en:
http://www.sociedadaugusta.com/AUGUSTA/viewtopic.php?f=16&t=3912