miércoles, 29 de octubre de 2014

La vida y la Edad del Hombre según James Baillie

Organizando fotografías familiares se evidencian los cambios que se han producido en nuestras vidas: como pasan los años, cambian las épocas y las modas, desde mi "ochentosa" infancia hasta la actualidad, pasando por breves regresiones al siglo XIX.
Al parecer este ha sido un tema que ha puesto a pensar a mas de uno, desde siempre, y particularmente en el siglo XIX se evidenció aún mas. Esto sirve como excusa para compartir una imagen que me encanta. Se trata de la litografía "La vida y la Edad del Hombre: Etapas de la vida del hombre, desde la cuna hasta la tumba" de James Baillie(1848).
"La vida y la Edad del Hombre: Etapas de la vida del hombre, desde la cuna hasta la tumba" 
de James Baillie(1848).

"La vida y la Edad del Hombre / La vida y la edad de la mujer" fueron temas populares en la litografía, generalizados desde el advenimiento de la imprenta, constituyen recordatorios visuales de la fragilidad de la vida. Imaginando las distintas edades y/o etapas de la vida, este ha sido un tema recurrente entre los artistas, desde el Renacimiento hasta el siglo XIX. Las primeras fueron impresas para un público popular, para atraer a sus temores acerca de la vida y la muerte; el pecado y la salvación; y estimular la creencia en una vida moral. 


En 1540, el pintor alemán Jörg Breu, el más joven (ca. 1510-1547), publica las diez Edades del Hombre, uno de los primeros grabados que muestran las etapas de la vida, con escaleras que conducen hacia arriba y hacia abajo, y como el hombre pasa de la cuna a la la tumba. Abraham Bach repite el motivo en el siglo XVII, pero agregó una mujer en cada paso, con el título más políticamente correcto de "Diez edades de la vida humana".

La impresión satírica "Las Edades del Hombre" publicado en 1630 por Thomas Jenner (muerto en 1673), se parece mucho a las del siglo XIX. Presenta la vida de un hombre en once pasos, con tres musas en el arco central de abajo. 
Impresión satírica "Las Edades del Hombre" 
publicado por Thomas Jenner(1630) 

Particularmente fué un tema muy popular en la litografía norteamericana del siglo XIX, especialmente entre grupos protestantes victorianos, principalmente Ango-calvinistas cuyas creencias estaban centradas en la soberanía de Dios y la debilidad del hombre. A través de la joyería de luto y los retratos post mortem, expresaron tanto la conciencia de la mortalidad humana como la creencia en la vida eterna. Al igual que los retratos, la "Vida y Edad del Hombre" bien podría haber decorado una habitación en una casa familiar, como servir de herramienta de enseñanza para el aula o la escuela dominical. 

Albert Alden (1812-1883) retoma la  composición anterior representando la vida en once etapas,en su "La vida y la Edad del Hombre: Etapas de la vida del hombre, desde la cuna hasta la tumba, en la que todos los cristianos vean su frágil naturaleza, y las miserias que asistir a una vida pecaminosa", ofrece el diablo abajo en el centro, tentando a dos hombres , pues es uno quien acepta o rechaza estas tentaciones, y sobre él hay un reloj que no se detiene, acercándonos a la noche. 
La vida y la Edad del Hombre: Etapas de la vida del hombre, desde la cuna hasta la tumba
Publicado por Thompson and Alden (1835-1840)

Docenas de otras versiones fueron publicadas, compradas, y colgadas en las paredes de dormitorios lo largo del siglo XIX. Grabadores como Gustav S. Peters o George Cram, diseñaron otras versiones, con sólo ligeras variaciones, al igual que Nathaniel Currier, las publicadas por Kellogg & Comstock o Curtis &Ives, o la de James Baillie, autor de la litografía que dió origen a este post. En general las variaciones eran detalles que cambiaban por el paso del tiempo, como los uniformes militares, los peinados de las señoras, y las siluetas de trajes, que eran alterados para hacerlos atractivos a los gustos de la clase media, los probables consumidores de estas publicaciones, recordándoles a través de la moda un tema eterno: el ciclo de la vida. 
La vida y la Edad del Hombre y de la Mujer: Etapas de la vida, desde la cuna hasta la tumba
George Cram

Fuentes:
https://blogs.princeton.edu/graphicarts/2011/04/resist_the_devil_and_he_will_f.html
http://www.philaprintshop.com/onstonelist.html


sábado, 11 de octubre de 2014

Dandi Argentino: Lucio V. Mansilla


Y pasó la feria del libro por Córdoba, pero no sin dejarme algunas horas de buena compañía… o al menos de lectura.
Me refiero a “El gran libro del dandismo”, una compilación Editora Mardulce, que reúne el “Tratado de la vida elegante” de Honoré de Balzac, “El pintor de la vida moderna” de Baudelaire, y “Del dandismo y de George Brummell” de J.A. Barbey d’Aurevilly, prologado por mi estimado Alan Pauls.

Lo cierto es que si bien aún no he avanzado demasiado con la lectura, y aunque el “Tratado” de Balzac me está deleitando, me llamó poderosamente la atención una cita de Lucio Mansilla en el prólogo de la edición: “Soy el hombre de mi facha y de mi fecha”. Imposible no poder indagar un poco mas sobre este personaje, que al parecer es uno de los pocos Dandis criollos reconocidos.
Lucio V. Mansilla - daguerrotipo

Lucio Victorio Mansilla, hijo de Lucio Mansilla, guerrero de la independencia argentina y militar federal destacado en las luchas civiles del litoral, y de Agustina Ortiz de Rosas “La belleza de la Federación”- la hermana menor del “Restaurador” Juan Manuel de Rosas-, nace el 23 de diciembre de 1831. 

Lucio Norberto Mansilla (Oleo de Goulu) - Agustina Ortiz de Rosas de Mansilla (Óleo de García del Molino)

Mansilla pertenecía al linaje de estancieros dueños del país -y, sobre todo, de su provincia más rica, Buenos Aires-, señores feudales de horca y cuchillo, apenas atemperados sus excesos por la lenta infiltración de usos y costumbres de los dos países rectores de Europa, o sea, del mundo en el siglo XIX: Inglaterra y Francia.
Agustina Rosas de Mansilla, con su hijo Lucio-Acuarela de Enrique Pellegrini, 1835

Sus primeros años trascurrirían en Buenos Aires, allí realizará sus primeros estudios Una educación fundamentada, como era de rigor entonces, en las humanidades clásicas, pero bastante dispersa, y el ya apuntado rango social lo llevaban a ser un gran señor dedicado, como quería su padre, al comercio de carnes, producción básica de las vastas posesiones familiares.
Ya en su adolescencia se involucra en algunos romances- que incluyen intentos de fuga y retiros en casa de sus tíos en el interior para alejarlo de estos idilios, en uno de los cuales enamora a una de sus primas- que terminarán por enviarlo al asiento militar de su padre, y a la edad de 17 años a un viaje de negocios a India en el que se sabe hizo de todo menos los negocios que le encargaron. 
Luego siguió su viaje a Egipto, hasta el Cairo, y luego Europa. En París, se dedica a la vida galante, y comienza a redactar un diario desde 1850, más tarde utilizaría estos recuerdos en sus famosas Causeries.
Un año después decide regresar a Buenos Aires, porque le llegan noticias inquietantes a cerca de la inminente caída de Rosas y teme por su familia.

"Desembarcó -informa su biógrafo, Enrique Popolizzio- luciendo vestimenta extraña y fastuosa: pantalones angostísimos, llamativa levita muy larga, sombrero de copa alta, reluciente y puntiaguda". Desde el puerto, una turba de chiquilines asombrados y burlones lo sigue hasta la casa paterna, en la esquina de las actuales Suipacha y Alsina. No habían visto nada, todavía. Para ir a saludar al tío Juan Manuel y a la prima hermana Manuelita, en la residencia de Palermo, el dandi porteño se vistió así: pantalón gris perla, levita azul, chaleco rojo (naturalmente) con botones de esmalte, corbata de raso azul, de doce vueltas, alfiler de zafiro, botas angostas de charol, guantes amarillos y la famosa galera de felpa.
"Mama" Agustina le sugirió usar, en vez del zafiro, un alfiler con la cabeza de Minerva labrada en coral; Lucio Victorio la prendió en la solapa, manifestando así, desde temprano, su desdén de las convenciones y su certeza de que la moda la impondría él. Su propia moda, claro.
Es de imaginar la sorpresa que atuendo semejante provocó en el cortejo que escoltaba a Manuelita. Estas excentricidades le valdrían el mote de algunos de “Dandy” e incluso “principe de las pampas”.




Retrato de Manuela Rosas- 
Óleo de Prilidiano Pueyrredón(1851)

La caída de Rosas no sólo perturbó las finanzas familiares. Lucio Mansilla padre, guerrero de la Independencia y honorable defensor en la Vuelta de Obligado frente a las escuadras combinadas de Francia e Inglaterra, resolvió alejarse por un tiempo de las costas del Plata y emprendió viaje a España con su hijo mayor. Del exilio guardará Lucio hijo el recuerdo de las veladas con los colegas de su padre que habían intervenido en la guerra contra Napoleón. Soldados encallecidos que evocaban sin tapujos, con la franca contundencia de la lengua española, los horrores de la contienda, tal como los registró Goya para siempre. De Madrid fueron a París, y allí los argentinos conocieron y trataron al inminente Napoleón III, todavía presidente de una Francia que se ponía mansamente a sus pies, y a su cortejada, la bella Eugenia de Montijo. Quiere la leyenda que Mansilla padre haya aconsejado a la noble andaluza aceptar la oferta matrimonial del emperador.


Ya reinstalado en Buenos Aires contrae matrimonio, con su prima de Chascomús, Catalina de Rosas y Almada, el 18 de septiembre de 1853. Por entonces se dedicará al perdiosimo, participará de la vida política argentina y a la diplomacia, llegando a Diputado, y se incorpora al ejército como Capitán, lo que no le impide continuar su labor periódística y sus inquietudes intelectuales, escribiendo un “Reglamento para el ejercicio y maniobras del Ejército Argentino”, una década después decide probar suerte en el teatro con “Gull o Una venganza africana”( pieza que obtuvo un éxito extraordinario), y en colaboración con su íntimo amigo Domingo Sarmiento traduce “París en América”.

Lo fascinaban los inventos, los avances de la técnica, las exploraciones de continentes todavía vírgenes. Una curiosidad ilimitada espoleaba a su poderosa inteligencia. Hijo de su tiempo, se interesó tanto por la presunta ciencia de la frenología -reconocimiento del carácter de una persona por las características de su cráneo- como por la electricidad, la incipiente investigación del átomo, las andanzas de los espiritistas. Más que la naturaleza, las artes (cuya reina era, para él, la pintura), la física, la química, lo atraían las personas.

Militar y diplomático, El General Mansilla trata de establecer la paz con las tribus ranqueles, lleva a cavo con éxito la misión encomendada por Sarmiento de estirar las fronteras hasta Río Quinto. Mansilla lucha por la incorporación de los indígenas a la vida civilizada, de estas experiencias surge su libro más famoso “Una excursión a los indios ranqueles”.

De uno de sus viajes a Europa recordará la exclamación de una dama francesa:"¡Qué hermoso debe de ser con sus plumas!", cuando le informaron que el caballero, tan apuesto y elegante, que en aquella fiesta en París le había llamado la atención hasta el punto de requerir -discretamente- sus datos, era un militar argentino. Vaya imagen tenían en Europa de Argentina -poblada de salvajes, como las alegorías y tapices que decoraban los muros de sus palacios-, y que sorpresa encontrar semejante embajador.
Su vida continúa como una novela: en medio de la peste de 1871 es atacado a balazos por uno de sus ex ayudantes, es nombrado intendente militar de Córdoba y San Luis, y luego gobernador de Chaco, se bate a duelo (dando muerte a su contendiente con un balazo en el corazón), enferma y viaja a Argel, es encarcelado por enfrentar a Roca (a quien había apoyado en su campaña presidencial), siempre brillando en la sociedad porteña por su encanto personal y elegancia. Protagonista absoluto de todo lo que escribió, encarnación suprema del narcisimo, y transgresor: muchas veces lo traicionaba el impulso irresistible de imponer su criterio por encima de normas y leyes, convencionales, si se quiere, pero vigentes. Aún en su faceta militar cubría su siempre impecable uniforme reglamentario con una capa de paño rojo que destacaba su individualidad y elegancia.



En los ’90 repartirá su tiempo entre París y Buenos Aires, la Argentina ya no es el país dirigido por las minorías selectas que fueron el circulo de sus amistades, y verá como se desvanecen sus anhelos políticos. Aún, fiel a su espíritu de Romántico escribe sus memorias, se enamora de Mónica Torromé (una viuda de sociedad a quien dobla la edad) con quien se casa en Westminster, y hasta es uno de los aventureros que practica ciclismo.


El fotógrafo de moda por entonces, el inglés Witcomb, lo retrató, mediante un truco con espejos, sentado a una mesa en animada conversación consigo mismo. ¡Cuánto le habrá complacido al general esa reiteración de elegantes, idénticos Mansillas, cuatro o cinco, contándose y volviéndose a contar las infinitas anécdotas de una vida increíblemente rica en peripecias, en aventuras, en personajes curiosos!





En París vuelve a la vida social, y luego de idas y venidas a Buenos Aires, permanece en Francia desde donde remite sus crónicas a El Diario de Láinez y concluye sus Memorias, y allí fallece el 8 de octubre de 1913.


Un personaje fascinante este que estoy conociendo y que antes solo me sonaba como el nombre de una calle. El único problema es que ahora me dan ganas de leer sus Causeries y suspender a Balzac-Baudelaire-Barbey dÁurevilly.



Del material que encontré en la web,y que he incluído en esta publicación, el artículo "Lucio Victorio Mansilla, el príncipe de las pampas" de Ernesto Schoo para La Nación.com, me pareció simplemente maravilloso y recomiendo su lectura.

Fuentes:
http://web.clarin.com/ciudades/Lucio-Mansilla-dandi-nacional_0_544145702.html
http://www.lanacion.com.ar/215876-lucio-victorio-mansilla-el-principe-de-las-pampas
http://www.lanacion.com.ar/1632161-dandismo-la-actitud-como-una-obra-de-arte
http://es.wikipedia.org/wiki/Lucio_V._Mansilla

sábado, 13 de septiembre de 2014

Novena Reunión SVA Argentina - Recreación Período Victoriano, 1875

Retomando los eventos realizados durante la Novena Reunión Anual de la Sociedad Victoriana Augusta, es el turno de hablar de lo sucedido el día sábado 16 de agosto de 2014 , en el que recreamos el período victoriano hacia el año 1875, correspondiente a la moda polisón y forma natural femenina, con la que iniciamos la "Season" victoriana 2014.
Si bien había sido pensada como una reunión de té en el Hotel Alvear, quiso el destino o la buenaventura que tuvimos que cambiar de locación y comenzamos a planear la visita a Villa Ocampo, San Isidro.
Como el plan original requería cierta formalidad, por tratarse de una reunión en un Hotel céntrico de gran categoría de la capital argentina, había comenzado a confeccionar pantalones grises con rayas mas claras y un chaleco gris para usar con mi Chaqué: un conjunto de día pero mas elegante que el que había usado en la recreación de este período el año anterior. Finalmente como mudamos el evento a una casa suburbana,"villa de campo" o "veraneo", el evento requería menos formalidad, así es que volví a usar el mismo traje del año anterior, y destiné todo mi tiempo a la confección del atuendo para Mme. Skoczynska.
Mr. Grantham y Mme. Skoczynska 

Este evento se desarrolló un día antes del Té eduardiano, y era el primero al que asistiría Mme. Skoczynska. Partimos del Hotel ubicado en Avenida de Mayo hacia la Estación  Mitre en Retiro para abordar el tren hacia San Isidro. Si bien tanto las máquinas como los vagones no son de la época- ni se acercan-, la estación y los hangares aún mantienen el encanto decimonónico, algo degradado por los comercios actuales y la señalización (que si bien útil no guarda ningún tipo de relación estética con el entorno nos sirvió para orientarnos en un lugar que ninguno de los cuatro conocíamos). 
El grupo de excursionistas estaba compuesto por Mme. Skoczynska, Miss Megan, M. Rodchenko (quien nos acompañó durante toda la reunión, pero no participó de la recreación, aprovechando para tomar fotografías), y yo, Mr. Grantham.

Villa Ocampo


Los cordobeses fuimos los primeros en llegar a la casona, lugar que había despertado mi interés y fascinación desde la primera vez que supe de ella a través de una nota de la revista "La Nación", por allá a mis diez años, desde entonces hice maquetas y dibujos inspirados en la casona, hasta que luego descubriría la literatura de Victoria Ocampo y el grupo de la revista "Sur", para sellar mi eterno amor a este lugar. 

Así es que medio como en un sueño fuí descubriendo el exterior de la casona , y mientras esperábamos a los demás invitados y tomábamos algunas fotos del lugar, aproveché para registrarla en mi cuaderno.

Villa Ocampo es el nombre de la residencia de veraneo de la aristocrática familia Ocampo, ubicada en la calle Elortondo 1837, Beccar, Partido de San Isidro, Provincia de Buenos Aires, lugar que posteriormente fue la vivienda de Victoria Ocampo.
En 1580, poco después de la fundación de Buenos Aires, Juan de Garay hizo el reparto de 65 terrenos en la ribera norte. Con el correr del tiempo, estas propiedades fueron paulatinamente utilizadas para cultivos y plantaciones, hasta transformarse, ya avanzado el siglo XIX, en quintas de veraneo de familias aristocráticas porteñas.
La Villa Ocampo se construyó en 1891, sobre un gran terreno de diez hectáreas delimitado por la Avenida Libertador, las calles Uriburu y Florencio Varela, y el Río de la Plata. El terreno pertenecía en un principio a Francisca Ocampo de Ocampo, tía de Manuel Ocampo, padre de Victoria y conocida como "tía Pancha", quien lo cedió para que Manuel construyera allí la casa. El proyecto fue del ingeniero Ocampo quien edificó allí una típica villa italiana, donde toda la familia pasaría sus veranos de noviembre a marzo.

La “tía Pancha” dejó estipulado en su testamento que, a la muerte de Manuel y su esposa, Ramona Aguirre, quien herede la propiedad debía ser Victoria Ocampo, la hija mayor del matrimonio, quien debía repartir el amplio terreno con sus hermanas. Así, a la muerte de sus padres, Victoria heredó Villa Ocampo y subdividió el terreno. Hoy Villa Ocampo cuenta con un predio de una hectárea.
Victoria decidió donar esta casa, y su residencia de verano en la ciudad costera de Mar del Plata, Villa Victoria, a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura(UNESCO).
Desde 2003 funciona como museo bajo el nombre de Proyecto Villa Ocampo de la UNESCO, con la colaboración del Estado argentino, de la Municipalidad de San Isidro, de la Asociación Amigos de Villa Ocampo y de muchos donantes y patrocinantes, y de la propia UNESCO se restauraron la casa, el jardín, el mobiliario, las colecciones de arte y fotografía y los 11.000 libros de la Biblioteca. El sitio se abrió para visitas y se puso en marcha una programación cultural amplia y abarcativa dirigida a un público diverso.En 1997 el gobierno argentino declaró a Villa Ocampo Monumento Histórico Nacional.



Retomando el desarrollo de la reunión, de a poco fueron llegando la siempre perfecta anfitriona Lady Evangeline, Doña Mariana y Mlle. Tatiana-quienes a pesar de los inconvenientes causados por distintas lesiones lucieron estupendas durante todo el evento-, luego Miss Georgiana acompañada Don Adrían, y Mme. Fernande, quien con su espíritu "avant-garde" fue la única en optar por una silueta Forma Natural al momento de elegir el atuendo que luciría. 
El tiempo dedicado a arreglarnos y el que disponíamos para permanecer en la casa (pues debíamos adecuarnos a los horarios de visita del museo), condicionaron las actividades, así que tuvimos que prescindir de la visita guiada a la casa, y realizamos un paseo fotográfico por los alrededores y una reunión de té en la galería.

En un primer momento recorrimos el parque tomándonos fotografías en los senderos y en el kiosko.
Damas y caballero en el kiosko.

 Damas frente al kiosko en los jardines.

 Retrato de Grupo en los jardines . 
(Don Adrián, Miss Georgiana, Lady Evangeline, Mlle. Tatiana, Doña Mariana, Miss Megan, 
Mme. Fernanda, Mr. Grantham y Mme. Skoczynska)

Sin duda la llegada de Lord James siempre es motivo de distensión, y coincidió con el llamado a sentarnos a la mesa para tomar el té. 
Lord James y Lady Evangeline

En la mesa compartimos un menú muy variado de tortas, masitas y sandwichs que ofrece la cafetería del lugar. Tuve oportunidad de probar el blend de la casa: simplemente delicioso (aunque ahora no recuerde muy bien de que se componía creo que se trataba de Earl grey, aromatizado con algo mas).
Al igual que para el evento eduardiano preparé una gacetilla como edición especial de “La Columna Augusta”, edición periódica de la Sociedad Victoriana Augusta para proveer una contextualización del período recreado. Y aproveché la merienda para compartir ejemplares fechados el 16 de Agosto de 1875, en el que se presentaba a la Argentina Liberal de las Presidencias Históricas (Mitre-Sarmiento- Avellaneda), cuando se soñaba con una Argentina "Europea" o " el granero del mundo", sumado a una reseña del sitio que nos convocaba y algunas publicidades que resultaron de interés de los lectores y disparadores de graciosos comentarios, como los velocípedos (antepasados de las bicicletas) o el curioso corset eléctrico que no pudimos dilucidar de que se trataba o cual era su uso.





Tapa y contratapa de "La Columna Augusta"(1875)

Ya bajando el sol, y despuntando el atardecer, el fotógrafo solicitó que nos reuniéramos para realizar las fotos grupales frente a la casa.


Con el sol muy bajo y ya comenzando a sentir el frío característico de agosto, a pesar que el día había resultado cálido y soleado, nos dispusimos a cambiarnos, volver al siglo XXI, y abandonar Villa Ocampo, y la tarde de ensueño que compartimos ahí.
En grupo nos dirigimos a la estación de trenes de Beccar. Arribando a destino y cansadísimos por la excursión realizada nos despedimos hasta el día siguiente, cuando nos convocaba el Té eduardiano en "Las Violetas", y ya de regreso en la estación de Retiro nos esperaba una grata sorpresa, la querida Miss Alice, a la que no veíamos desde su última visita Córdoba, un año antes, nos esperaba al llegar al andén. Nuevamente los hangares y andenes eran testigos de saludos y abrazos de despedida y bienvenida como antaño. Una vez más tomé conciencia como el pasado puede vivir en el presente, y prolongarse por siempre en los recuerdos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Línea de Tiempo - Moda Masculina del Siglo XIX

Conforme pasa el tiempo, voy completando la línea de tiempo con nuevos atuendos, en este caso el Boating blazer, se podría decir que mi guardarropas Eduardiano ya está completo... Aunque el traje para una cacería de zorra es un pendiente que tengo entre ojos.

Probablemente, y en vistas que el próximo año planeamos recrear el período victoriano correspondiente a la moda femenina crinolina, es muy probable que el siguiente proyecto sea un atuendo de mediados de siglo XIX.

sábado, 30 de agosto de 2014

Novena Reunión SVA Argentina - Recreación Período Eduardiano, 1905

La Novena Reunión Anual de la Sociedad Victoriana Augusta fue pensada de una manera algo particular con respecto a  anteriores eventos, siendo la primera vez que dos días consecutivos realizaríamos recreaciones correspondientes a distintos períodos. Así se planeó recrear un día el período victoriano hacia el año 1875, correspondiente a la moda polisón y forma natural femenina, y al día siguiente el período Eduardiano, hacia el año 1905.
En otra oportunidad narraré lo que aconteció el día sábado en Villa Ocampo, San Isidro, con motivo de la primer actividad propuesta, pero ahora me centraré en la encantadora reunión la compartida el día domingo con motivo de realizar la segunda parte de la recreación.

El cronograma planteaba una reunión de Té en el Café notable “Las Violetas” de la Ciudad de Buenos Aires y luego un paseo en tranvía por el barrio de Caballito, pero finalmente las actividades planteadas para la tarde se extendieron hasta la noche.
Confitería "Las Violetas"

Me encantaría leer una reseña de la condesa Skoczynska sobre lo acontecido este día, pues para ella las palabras surgen virtuosamente, y es un placer leer cuanto escribe. Espero poder compartir ese deleite, sin embargo no me queda otra por ahora más que ser yo quien narre lo acontecido.
Ya hacía un par de días que nos encontrábamos en Buenos Aires Miss Megan O´Conner, la condesa Anna Ekaterina Skoczynska, y Monsieur Alekseij Rodchenko, con quienes nos alistamos en el hotel para partir rumbo al barrio de Almagro. Nuestra querida amiga, la señorita Alicia Acuña, quien se encontraba visitándonos, ayudaría con los arreglos y peinados de las damas y serviría de dama de compañía a lo largo de toda la jornada.
Como siempre algo retrasados pues nos habíamos entretenido con los últimos arreglos y detalles de nuestros atuendos, partimos rumbo a la cafetería, donde ya nos habían anunciado que la anfitriona, Lady Evangeline Gordon, nos esperaba junto a Lord James y Miss Catherine, flamante fundadora del Club del libro de Jane Austen en Argentina.
Lord y Lady Gordon y Miss Catherine Keats

Sabiendo que la cafetería en cuestión es un lugar muy concurrido los fines de semana, ya ibamos preparados para recibir las miradas escrutadoras de las personas que se encontrarían allí, situación que causó algo de nerviosismo e intriga por saber cual sería la reacción de la gente, y que a lo largo de la jornada, nos iríamos relajando al ver la buena acogida por parte de la gente hacia nuestras actividades, y nuestra particular y elegante apariencia.
Efectivamente el lugar estaba colmado, pero nos habían reservado una mesa junto a uno de los grandes vitraux que decoran y filtran la luz del lugar, colmándola de la magia y el colorido del Art Nouveau que supo embellecer la Belle Epoque.
A minutos de nuestra llegada se nos uniría Madame Fernande y con algo de atraso llegarían Doña Mariana y Don Darío.
Sr.Alekseij Rodchenko, Mlle. Tatiana, Miss Megan, Lord Jaimes, Mme. Skoczynska, Mr. Grantham, Don Darío

Reunidos en torno a la mesa disfrutaríamos de una variada merienda llamada en la carta de la cafetería “Menú victoriano”: feliz coincidencia.
Rescatando el espíritu de “La Columna Augusta”, edición periódica de la Sociedad Victoriana Augusta, se me ocurrió editar una gacetilla que proveyese una contextualización del período recreado. Así, durante la merienda, compartí ejemplares fechados el 17 de Agosto de 1905, en el que se presentaba a la Argentina en los albores del siglo XX, sumado a una reseña del sitio que nos convocaba y algunas publicidades que resultaron de interés de los lectores y disparadores de graciosos comentarios.


Tapa y contratapa de "La Columna Augusta"(1905)

Está de más decir que todos se veían impecables en sus vestimentas, y los detalles en la confección de muchas de las prendas era increíbles. A quienes nos interesan estos temas dedicamos largo rato a apreciar apliques de encajes, realización de tablas y mangas, detalles de volados y terminaciones, así como compartir experiencias de confección y admirar los sombreros realizados.
Para mi fue muy grato recibir los comentarios de felicitaciones por parte de mis compañeras a quienes admiro y de quienes aprendo mucho, con motivo del vestido que realicé para Madame Anna. Es el tercer vestido recreacionista que hago, pues me dedico sobre todo a la confección de sastrería masculina, pero en verdad fue una experiencia que disfruté muchísimo.
Mr. Grantham y Mme. Skoczynska 

Don Darío, Lady Evangeline, Miss Catherine, Mlle.Tatiana,Lord Jaimes,Mme.Fernande, M.Rodchenko,Doña Mariana, Miss Megan, Mme.Skoczynska y Mr. Grantham

Tras tomarnos algunas fotografías para la columna social y el recuerdo, nos dirigimos a Caballito a la parada donde tomaríamos el tranvía, medio de transporte usado por entonces como transporte publico, y que ahora sirve para realizar un paseo turístico de gran interés patrimonial.

Los primeros tranvías a caballo aparecen en Buenos Aires en 1863 como complemento del ferrocarril, y desde 1870 se establece como transporte urbano específicamente hasta 1963. En 1897 aparece el primer tranvía eléctrico de la Compañia de Buenos Ayres y Belgrano, y ya para 1907 se crea, entre otras, la Compañía de Tramways Lacroze de Buenos Aires, con coches Brill de origen norteamericano, antecedente al coche que tuvimos oportunidad de conocer y en el que realizamos el recorrido. Para el Centenario, 1910, la ciudad ya contaba con 12 compañias. Había tranvías de pasajeros, tranvías de lujo para paseos de alquiler o para visitantes especiales, de carga, graneleros y hasta fúnebres. las vías llegaron a extenderse 875 km.
Desde 1980 se reimplantó este servicio histórico turístico de Caballito.
Al concluir el paseo, y puesto que ya no quedaban mas actividades planificadas, propusimos ir a tomar un refrigerio a otro café notable de la ciudad, el mítico Café Tortoni. Y aunque algo cansados partimos hacia allá.
Algo anecdótico es que así vestidos de ilustres eduardianos, tomamos el transporte público ante la mirada curiosa de los demás pasajeros.

Nos presentamos al llegar al Tortoni, y con la suerte con la que suceden muchas de las casualidades o los eventos no planificados, pese a que el lugar estaba colmado y llegamos sin previo aviso, nos recibieron encantados y nos reservaron un salón para que dispusiéramos de él.
Miembros de la Sociedad Victoriana Augusta Argentina frente al café Tortoni

Muchas de las personas que se encontraban allí nos pidieron tomarnos fotografías con ellos y accedimos de buen modo. Algunos nos preguntaban “cuando empezaba el espectáculo” o si éramos actores, a lo que respondíamos que se trataba de una recreación de época y les hablábamos de la sociedad.

Allí ya muy relajados realizamos un brindis, dirigimos palabras de agradecimiento y felicitaciones a los anfitriones y gestores del evento, y soñamos un poquito con los que vendrán.
Se vé que las bebidas frías, como jarras de cerveza o balones de sidra, despertaron nuestro espíritu lúdico y un poco fuera de la etiqueta victoriana, nos divertimos imitando algunas coloridas postales de antaño.


Luego llegarían las despedidas y los abrazos, y mucho después las fotografías, los recuerdos y comentarios que evocan esos momentos congelados en la imagen y tan vivos en la memoria.

Moda Eduardiana: Ropa deportiva- Boating Blazer y canotier


La temporada social o “Season”, se ha referido históricamente al período anual, cuando es habitual que los miembros de una élite de la sociedad celebren bailes de debutantes, cenas y grandes eventos de caridad. También era el momento apropiado para ser residente en la ciudad y no en el campo, con el fin de asistir a tales eventos.

La temporada social de Londres se comenzó a desarrollar en los siglos 17 y 18, y en su forma tradicional alcanzó su apogeo en el siglo 19.
Por entonces la élite británica estaba dominada por la aristocracia terrateniente y la burguesía alta, compuestas por familias que generalmente consideraban su casa de campo como su hogar principal, pero que residían varios meses del año en la capital para socializar y para hacer política.

La temporada coincidía con la sesión del Parlamento , comenzando tiempo después de la Navidad hasta mediados del verano, más o menos a finales de junio. La temporada social, también jugó un papel en la vida política del país: Los miembros de las dos Cámaras del Parlamento eran casi todos los participantes en la temporada. También proporcionaba  la oportunidad para que los jovenes en edad de contraer matrimonio de la nobleza y la alta burguesía fueran presentados en la sociedad. Las mujeres (o debutantes) se introducían formalmente en la sociedad por la presentación al monarca en la Corte.

La Temporada tradicional entró en declive después de la Primera Guerra Mundial, cuando muchas familias aristocráticas renunciaron a sus mansiones de Londres. Muchos de los eventos que tienen lugar lejos del centro de Londres llegaron a ser considerados como parte de la temporada social, incluido el Royal Ascot y la Henley Royal Regatta. La presentación de los debutantes en la corte fue abolida por la reina Isabel II en 1958 Los acontecimientos que ahora componen la temporada social de Londres están cada vez más organizadas o patrocinadas por grandes empresas (es decir, "de hospitalidad corporativa"). Los códigos de vestimenta aún se aplican a ciertos eventos en la temporada, sobre todo cuando la Reina juega un papel oficial.
En la actualidad los eventos de la temporada en Inglaterra que se mantienen son:
Artes:
El Festival Internacional de Edimburgo (música clásica, teatro, ópera y danza de diferentes partes del mundo), Glyndebourne Festival Opera, en East Sussex (principalmente óperas de Mozart), The Proms o Proms de la BBC, ciclo de conciertos diarios de música clásica orquestal, principalmente en el Royal Albert Hall, desde mediados de julio hasta mediados de septiembre. La Exhibición de Verano de la Royal Academy, exposición abierta de arte (pintura, dibujo, escultura, diseños arquitectónicos) y espectáculos teatrales en la popular zona del West End.
William Powell Frith - A Private View at the Royal Academy
Hoticultura:
El Chelsea Flower Show, una muestra de jardines durante cinco días de mayo.
La Corona:
El desfile Trooping the Colour –que marca el cumpleaños oficial de la soberana británica- y el Servicio de la Orden de la Jarretera en el Castillo de Windsor.
Deportes:
Los torneos de polo en Guards Polo Club de Windsor (Queen’s Cup, Royal Windsor y Archie David), los campeonatos de tenis de Wimbledon, la semana de regatas de Cowes en el Solent (el área de agua entre el sur de Inglaterra y la Isla de Wight) y el Lord’s Test Match de cricket en St John’s Wood.
Equitación: Las carreras de caballos de Royal Ascot (Berkshire), Glorious Goodwood (Chichester, West Sussex), Epsom Derby (Epsom Downs) y Grand National (Aintree, Liverpool).
Otros eventos ecuestres, como el concurso de saltos Badminton Horse Trials en la mansión del Duque de Beaufort en Gloucestershire y el Royal Windsor Horse Show en el Windsor Home Park.

Remo: La Boat Race o Carrera de Botes (entre los equipos de Oxford y Cambridge) en el Támesis. La Henley Royal Regatta en la localidad de Henly-on-Thames.

Para la octava reunión anual de la Sociedad Victoriana Augusta Argentina, planteada un poco como la temporada social de Londres, realizamos dos jornadas plenas de eventos. El primer día sería una recreación del año 1875, correspondiente a la moda polisón femenina, y el segundo día correspondería a la era eduardiana, por el año 1905. Esto sumado a que los que viajamos a Buenos Aires aprovechamos la oportunidad de visitar museos y experimentar la vida social de la capital, me remitió a  la “Season” a la hora de elegir y realizar uno de mis atuendos. En esta oportunidad como los eventos más urbanos serían los eduardianos elegí para esta moda inspirarme en uno de los eventos de la temporada, y entre la Royal Ascot y la Henley Royal Regata, decanté por la segunda.

La regata real Henley (Henley Royal Regatta en inglés) es una competición de remo que se celebra anualmente en el río Támesis en la ciudad de Henley-on-Thames, Inglaterra. Se realiza durante cinco días (de miércoles a domingo) en la primera semana de julio. Las carreras son de 2112 metros (1 milla y 550 yardas) y se realiza con eliminatorias uno contra uno. La modalidad más prestigiosa es la llamada Gran Challenge Cup, que se ha celebrado desde el primer evento.
La primera edición de la regata se celebró en 1839 y resultó tan exitosa que se decidió repetirla al año siguiente. En el siglo XIX se alargó a tres días de competición, en 1906 pasó a tener 4 días de duración y en 1986 se cambió a cinco días. Esta regata es previa a cualquier organización de remo nacional o internacional, por lo que tiene sus propias reglas y organización, aunque está reconocida por la Amateur Rowing Association y la Federación Internacional de Asociaciones de Remo.
La regata pasó a llamarse Henley Royal Regatta en 1851 cuando el príncipe Alberto aceptó ser patrón. Desde su muerte, todos los monarcas reinantes han aceptado serlo.
La regata era estaba reservada solo a participantes masculinos hasta el año 1993 cuando se celebraron pruebas en modalidad individual femenina.

Posiblemente sea una de las regatas, más atractivas del mundo, equivalente a Ascot pero en versión remo. Se trata de todo un evento social, en el que el traje de etiqueta es obligatorio para los hombres y los vestidos para las mujeres, manteniendo la etiqueta al vestir. Para acceder al Recinto de los Mayordomos (Stewards’ Enclosure) se requiere una invitación o membresía, y desde sus inicios  aún se aplica el código de vestimenta. Los hombres deben usar un "traje de día o lounge suit, blazer y pantalones de franela, o traje de etiqueta (evening dress) con corbata", está permitido el uso de los colores del Rowing Club en el blazer o el sombrero. A cualquiera que no esté vestido adecuadamente puede denegarse la entrada, no importa su prestigio en el remo o en otro lugar. También está prohibido el uso del teléfono móvil.
Con respecto a la etiqueta del evento, existe una anécdota acerca de una estudiante que protestó porque se le negó la entrada al Steward’s Enclosure por no cumplir con el código de vestimenta, diciendo que se había puesto el mismo atuendo en el Recinto Real de Ascot y nadie dijo nada, un portavoz defendió el código diciendo: "La intención es mantener la atmósfera de una fiesta de jardín inglés de la época eduardiana con un vestido más tradicional".



Así es que escaso de prendas deportivas, y teniendo en cuenta que Según he comentado en una presentación anterior sobre “La Era Eduardiana y la moda masculina”, las clases altas adoptaron actividades de ocio como el deporte, provocando la aceptación de estas prendas como alternativas para el conjunto de vestir, decidí hacer un atuendo eduardiano mas sport, y que mejor que un atuendo para remar y pasar tardes al aire libre.
Las prendas principales que componen el atuendo son un Boating Blazer y un canotier.
El Blazer es una chaqueta deportiva, larga, ligera y holgada, que usan los hombres desde principios del siglo XX. Se parece una chaqueta de vestir pero se diferencia de ella en que tiene un corte más casual y en que a veces lleva accesorios como bolsillos de parche, ribetes de colores o botones metálicos. El blazer fue utilizado originariamente como chaqueta deportiva, tiene su origen en la marina y en la indumentaria deportiva, por lo que es una prenda de larga duración que se popularizó como parte de uniformes institucionales de colegios y clubs náuticos, para remar.
Se trataba de una alegre chaqueta colorida, a menudo realizada en franela de rayas gruesas en colores contrastantes( azul o rojo y blanco por lo general) o en colores sólidos con detalles de ribetes de otro color y monogramas del club o colegio al que pretenecía.
Otro estilo de blazer es el que tiene origen en la chaqueta marítima azul, que es el modelo que se popularizó en el vestuario masculino a lo largo del siglo XX, a la que se añadieron botones metálicos dorados, anteriormente negros. Actualmente, la chaqueta se utiliza para variadas ocasiones de sport, y por lo general es de la gama de azul.
Por supuesto que opte por la primera opción. Una chaqueta azul con ribetes rojos.
La selección de la tela fue gabardina azul marino con forro de raso azul, y los ribetes están realizados en bies de algodón rojo Burdeos, con botones a tono con el detalle de ribetes (no le puse dorados pues no me gustaba como quedaban, aunque si algún día me animo a bordarle un escudo en el bolsillo con detalles dorados, quizás le cambie los botones).

Utilicé el molde de una chaqueta actual, modificándole el largo de talle y el armado de hombros para que se asemejara al modelo de principios de siglo XX.
Para usar bajo la chaqueta realicé un chaleco blanco con solapas curvas, y bolsillo para reloj con cadena.


Confeccioné un pantalón de tiro alto blanco con cintillo y hebilla para ajustar en la parte trasera, inevitable para la etiqueta de la Regata. Además usé una camisa blanca con pechera almidonada y abotonada, cuello desmontable tipo “Middlesex” con corbata de moño azul, y spats cortos blancos con zapatos negros.





















El accesorio fue un Canotier (también conocido como boat o gondolero).
Se trata de un sombrero de paja de copa recta, parte superior plana y ala corta, plana y rígida, normalmente adornado con una cinta de color, o negra. 
El canotier se creo en 1880. Era propio de los gondoleros de Venecia, que lo solían adornar con una cinta larga (nastro del doppio), para distinguirse de los oficiales de marina. También es símbolo de los colegiales de Oxford. A finales del siglo XIX, el sombrero se puso de moda en Francia, por la exaltación de la navegación “du canotaje”, de ahí su nombre. Paralelamente los inmigrantes italianos lo pusieron de moda en América, donde obtuvo su máximo esplendor en la primera mitad del siglo XX.
Se trata de un sombrero muy elaborado, hecho con paja sennit trenzada como el rostik japonés. Se cosían las tres partes del sombrero: tapa, copa y ala por separado y después, se unían con caucho. Se solía adornar con una cinta negra o de color azul o de rayas que a menudo representan una escuela, una tripulación de remo o una institución. La máquina con la que se cosía el canotier estaba creada específicamente para este tipo de sombrero. En el museo de la paja de Florencia, se exhibe una extraordinaria colección de estas máquinas.
Se solía usar en verano por navegantes y deportistas, usándolo tanto mujeres como hombres, marcando un alto nivel social. También era utilizado por la clase media en sus comidas campestres, excursiones de fin de semana o acontecimientos más formales.



Como en mis tierras no se consigue al por menor paja para trenzar, ni palma o algún material que se le parezca, apelé a la creatividad trenzando hilo sisal, que es un material un poco mas grueso, poco retorcido y con pelitos. Primero realicé trenzas, luego las fui cosiendo en espiral para formar el ovalo superior, cuando alcancé la medida del diámetro de la cabeza comencé a coser las trenzas hacia abajo formando la copa, y luego, cunado tuve la altura deseada (unos 8 cm mas o menos) volví a coser en espiral para lograr el ala de unos 5 cm. Para darle mas rigidez y protección le dí varias capas de barniz marino mate. Una vez seco le corté los pelos del hilo que sobresalían y cosí las cintas de vista a tono con el blazer.


En el interior lo forré en raso beige y coloqué una cinta de algodón en el contorno inferior para unir el forro al sombrero y que no se corra.



Finalmente no habría paseo en bote, pero, con guantes blancos y mi bastón -con mango de cabeza de ganso de bronce- como todo un dandy en la ciudad, nadé por aguas eduardianas donde la marea me arrastró a un Tea Party en el mitico café notable “Las Violetas”, un encantador paseo en tranvía , para terminar brindando con Sidra en el Gran Café Tortoni.